Que las grietas sean nuevos ríos
martes 14 de febrero de 2012
Domingo 19 de febrero, 21:00 hs.
La Cuadrada (9 de julio 2737), Mar del Plata.
...
BONO CONTRIBUCIÓN $5,00.
Con tu entrada te llevás un antifaz y la revista Oblogo!!!
LECTURAS:
* Fabián Iriarte
* Héctor Cuenya
* Bárbara Drucaroff
* Maximiliano Provenzani
* Martín Zariello
* Gonzalo Viñao
FOTOGRAFÍA:
* Vanesa Muccioli
PLÁSTICA:
* Julieta Bleu
* Alejandra Estifique
MÚSICA EN VIVO:
* Mauricio Scandali (The Rats) & Psicofango Ensamble
VOZ y PERFORMANCE:
* Karen Sebalj
Consultas: psicofango@gmail.com / lacuadradamdp@gmail.com
(0223) 155-496693
domingo 25 de diciembre de 2011
Y esto que soy
Tengo la costumbre de observar
las ramas de los árboles
ver donde fueron podados
cómo crecieron nuevamente.
Esos nudillos que se hacen
las ramas finitas que crecen hacia una dirección
distinta que la original.
Imagino su poda
hace cuántos años habrá sido.
Algunas ramas poseen varios nudos
como puntos que sobresalen
y hay que unirlos para descubrir una figura
una constelación.
En invierno se pueden apreciar mejor.
Tengo la costumbre de mirar el cielo
cuando esta azul y cúmulos de nubes bien redonditas
se corren de a poco para darme tiempo a subir
a correr por ellas,
esa sensación de saltar en un globo gigante
como el que había en la plaza Colón.
Descalza, correr
sintiendo que los pies no son el límite que necesito para despegar.
Y corro sobre ellas, hasta siento la sombra fría
de las otras nubes que pasan a los costados.
Acostarme boca arriba en la parte que el sol de más fuerte.
También suelo verme desde allí
como una vista de avión
de imagen satelital como si alejara el cursor por la pantalla
verme como un puntito oscuro
porque estoy sentada a orillas del mar y soy arena.
Y seguir en las nubes
la mente disociada por acción de la imaginación
trabaja arduamente para enterrar al cuerpo
apenas conectarlo con electrodos
que pasen las sensaciones necesarias.
Prescindir de la costumbre del miedo
del vèrtigo en la poda
del amor que planea bajito.
las ramas de los árboles
ver donde fueron podados
cómo crecieron nuevamente.
Esos nudillos que se hacen
las ramas finitas que crecen hacia una dirección
distinta que la original.
Imagino su poda
hace cuántos años habrá sido.
Algunas ramas poseen varios nudos
como puntos que sobresalen
y hay que unirlos para descubrir una figura
una constelación.
En invierno se pueden apreciar mejor.
Tengo la costumbre de mirar el cielo
cuando esta azul y cúmulos de nubes bien redonditas
se corren de a poco para darme tiempo a subir
a correr por ellas,
esa sensación de saltar en un globo gigante
como el que había en la plaza Colón.
Descalza, correr
sintiendo que los pies no son el límite que necesito para despegar.
Y corro sobre ellas, hasta siento la sombra fría
de las otras nubes que pasan a los costados.
Acostarme boca arriba en la parte que el sol de más fuerte.
También suelo verme desde allí
como una vista de avión
de imagen satelital como si alejara el cursor por la pantalla
verme como un puntito oscuro
porque estoy sentada a orillas del mar y soy arena.
Y seguir en las nubes
la mente disociada por acción de la imaginación
trabaja arduamente para enterrar al cuerpo
apenas conectarlo con electrodos
que pasen las sensaciones necesarias.
Prescindir de la costumbre del miedo
del vèrtigo en la poda
del amor que planea bajito.
domingo 18 de diciembre de 2011
El universo es mucho tiempo
Tengo los pies sobre la
tierra
lo ignoro
un ciempiés encima del
dedo gordo
lo ignoro
la plaza mitre apenas en
la infancia
un karting rojo y amarillo
mirando pasar una
bicicleta múltiple
llena de pies
sincronizados
que frena en mi meñique derecho
da picazón.
Estoy creciendo en un trozo
de universo.
Tiempos del origen
materiales pesados
componen la visión de lo vivido
consistencia gelatinosa
del ojo
la mano ansia hundir su
dedo en él
traspasar y acariciar algún
recuerdo
el magma que late dentro
del cuerpo
del aluminio que pisa y el
azufre que
sulfura la sierra donde se
abre una ventana.
Campos de lavanda
el calcio o la salitre
que blanquea los huesos al
salir del mar
leche que hierve
ultrapasteurización de la
nostalgia.
Te volví a ver
y la corteza terrestre se
me corrió dos centímetros
hacia el este.
Pero no creo que nos
acerquemos a África
tu lado salvaje siempre
estuvo mas acá.
El eje se habrá corrido
hacia el otro lado
giro como un rompo
giro como un rompo y me
traslado alrededor del sol.
La deriva continental nos amorfó
tu sonrisa ahora tiene un
aire menos glaciar.
Somos el único refugio capaz
de hacer el pelo infinito
las uñas infinitas que no paran
de crecer
aunque el cuerpo haya sido
plegado
encima de las rocas
donde se filtra el agua
y somos recibidos por minerales
que contienen nuestra
imagen un rato mas.
Generaciones
desintegrándose
a la vez que fuerzas
internas del núcleo
movimientos de presión
desplazan
el lugar donde nacimos
donde dejamos el alma de
bolsillo.
La expansión oceánica,
entonces
la grieta que come el
acantilado
postrarme adentro de un fósil ó
algún pariente de cucarachas
marinas
del ciempiés que se
acomodó en mi pie izquierdo
y mirar hacia el horizonte
mirarlo buscando otra
plaza como isla
un sismo ocular que
arrastre tu presencia
y la lleve conmigo
un karting que bucee las profundidades de la atmósfera
y espante a las gaviotas cansadas de ser paisaje.
Una biosfera
respirablemente pulcra.
El sol crece
se secan los mares dejando
mitos desnudos
Poseidón sin mar que
gobernar.
Caen todas las torres que
son colmillos
santos de sangre seca en
los ojos de yeso
animales corren hacia
donde la desesperación
se haga tormenta.
Tenés el pelo muy largo
y el sol es tan rojo hoy
listo para su extinción
no hay dinosaurios pero
hay creencias
detrás de las paredes de
una iglesia.
Ahora estas de vuelta
como un microorganismo latiendo
gestando un nuevo comienzo
mientras el sol se apaga
y vos estas prendiendo
como antes
el pequeño velador de la
mesita.
martes 29 de noviembre de 2011
Susanita
Desde que
nos fuimos a vivir juntos
fui a parar
a la mesa ratona del living
comencé a
girar en una rueda de acero
como un
hamster
para ver en
movimiento
los
electrodomésticos, los días
la
biblioteca crucificada en la pared.
Tus ojos de
zombie
eran los
mismos al despertar
detras del
muro de vapor
la taza de
café fortísimo
a las nueve
a las once,
o a las cinco de la tarde
el reloj
suplantó el sonido de los latidos
en los
habitantes de esta casa.
Quiero
salir
ir a 140
por la costa
evitar los
lugares que el amor frecuentó
o verlo
como se ven las vacas
leves
manchas en el paisaje
deformadas
horizontalmente a los lados de la ruta.
La estampa
de tu cara secuestrada por el campo
como yo
en el
living de la casa.
Desde
entonces
deje de
comer carne.
Pero un
pedazo de tu corazón
comería
con gusto.
Quiero
viajar
sentirte a
larga distancia
fermentado
por el efecto invernadero
levandome y
tejiendo redes como el gluten
que
sostengan la felicidad en las manos
y suene
como un pancito al apretarlo.
Sigo
corriendo, bajo la velocidad
varían las
manchas dibujadas por la sombra
que filtra
el sol por la ventana
ensanchándose
o achicándose
de acuerdo
a la hora del día.
Alrededor
las cosas y
las formas
van
fosilizándose con vos.
Por eso
corro
buscando
todo el movimiento
que nos
falta.
Ese
movimiento que le sobra a los pisteros
autos
tuneados de aire comprimido.
Los
pisteros contemplan a los bichitos de luz
creen que
llevan el misterio de la velocidad
en sus
alas.
Los escucho
de noche
llamo al
911 y espero su dispersacion como moscas
los envidio
o admiro
ya no sé
me dan
tanto terror
como vos y
los motociclistas sin casco
grafiteando
el asfalto con su cuerpo
en una
esquina
esperando
la ambulancia
ponete el
casco mi amor.
Como vos
entrando a la casa esquivo
goma sin carroceria.
Vamos a
ponernos un pasamontañas
prender
fuego el amor en la vereda
cortar la
calle y el humo
será
sponsor de la despedida
sin
estructura que lo condense
como
nuestras almas
livianitas.
Por si un
día volvemos
dejemos un
lugar en el garage
la radio
encendida
las llaves
debajo de la maceta con cebolla de la suerte
y mi voz
que decía
ponete el
casco mi amor
si tenes
que manejar
si queres
manejar nuestro amor
girando en
una jaula
desde el
living de la casa.
martes 11 de octubre de 2011
Psicofango en Polo Norte
El sábado 15 de octubre, a las 20 hs, presentamos el libro Psicofango I
en la librería Polo Norte (Constitución 5843, Mar del Plata)
con lecturas y música.
Leen:
Paula Fernandez Vega
Carolina Bugnone
Mariana Garrido
Gonzalo Viñao
Gastón Dominguez
Pablo Di Iorio
Alejo Salem
Tocan:
Leopoldo Pereyra (guitarra y voz)
Carolina Bugnone (flauta traversa)
A la gorra! (lo recaudado se utilizará para la próxima edición de Psicofango II)
Cortito y al pie!
Los esperamos!
lunes 3 de octubre de 2011
El campo debajo del cemento
Amor, quiero cocinarte y quiero comerte
sacarte las espinas
panarlas en pan rallado de pan casero
con huevos empollados hoy al medio día
porque eran tuyos
decías
el terreno y todo lo que estuviera ahí.
Los patos se comían las pulgas
mientras yo te lavaba
debajo de la lupa del sol
las medias y la vergüenza
y el fuego en el hogar
frío
esperaba que comieras el almuerzo.
Espinas bien afiladas
viajan por tu esófago con el empuje de la vid
uvas santas de cada día
peones pisando tu hollejo.
Trabajan tu tierra
remueven lo fértil de tu sangre
riega hijos por el mundo
cuando la televisión es un esperma
sin óvulos que fecundar.
Fumas como un escuerzo
los escuerzos fuman desde que te ven
desde la zanja
haciendo humo las huellas
porque decías que eran tuyas.
Y que la espina
apretada en tu cuerpo como el Olitas por la costa
se incruste en el intestino delgado
para germinar
apagar el incendio de la fiebre
prendida
luego
desde tus neuronas envejecidas
pero cucarachas
y salgan una a una huyendo
cuando la enfermera inyecte antibióticos
infección que no va a parar
porque ya es tarde
como vos en mi carne y no puedas
nidecirunapalabra
que solo tus ojos hablen
como hablaba tu cuerpo mudo en la piel
como antes
cuando te metías a oscuras por la casa
y la luz mala eras vos
tus huesos blancos como perros blancos
hincándole los dientes a la noche
de tus hijas
en el cuarto
porque decías que eran tuyas.
sábado 17 de septiembre de 2011
Sobredosis sedentarias
Me pongo el suéter azul y los aros que mas te gustan. Voy a ir a visitarte. Afuera hay un sol de Marte, un sol que genera una luz muy roja como de Apocalipsis, con las cenizas del Puyehue sobre las cabezas. Un solsticio para sofocar al amor en invierno, al amor más frío con la noche más larga el veintiuno de junio, la gente sujetándose la soltería a los pies para no quedar a oscuras, surfeando olas solitarias. Pero creo que sólo vos y yo nos vamos a amar en la solemnidad de los soldados, en la guerra que tu cuerpo planteó unos meses atrás, en la postura sofisticada y sus sollozos internos, los dolores sobrenaturales del héroe que debe agigantarse detrás de un arma. El software cargado en el cráneo para sobrevivir a la guerra, a la sociedad que veteranos los mira con pena con socorro, en los sistemas de la soberanía nacional y el dilema en la sobremesa de los titiriteros con sus títeres ¿Quién come, quién da de comer?
En los sismos de la noche, en pesadillas, síntoma que crece en cada sirviente de la patria, sintonizando la frecuencia siniestra de la simetría en su nariz, para poder no respirar la sangre nunca, apenas la herida que atenderán los sindicatos de botiquín.
Y en los medios, sin razón, la sintaxis de discursos alentadores a la causa usan el protocolo de la guerra, como un cóctel donde sirenas sirven bandejas de canapés y sándwiches de miga, saludando con cánticos futboleros a los invitados, una especie de simbiosis de los simpatizantes y las mujeres que lloran y los hijos que no van a llorar. Y vos que nunca me vas a volver a querer.
Me subo al 562, con la continuidad de la vida desde el último asiento. Observo a cada una de las personas, como miran por la ventana, como afuera una sinagoga brota desde la ceniza, en las veredas, con la sinceridad de un sillón al descanso de la sexualidad. Veo vías de un tren que serrucha los rieles, machimbre que luego irá a parar a la cabeza de los nuevos huérfanos.
El señuelo del amor, la serenidad, se sienta conmigo a contar las semanas que faltan para el fin del combate. No sabemos cuánto más vamos a aguantar. Bajo del colectivo, espero que el semáforo dé alba verde a la seguridad del miedo arraigado a la calle, segundo a segundo, segregando el suelo acumulado con sudor, no saber si te voy a encontrar esta vez. La gente, la suciedad del smog marcha con prisa en smoking, forma parte de la secta que surge en la salvia, bosque talado en las alcantarillas, setas que sangran nutrientes de tierra, por eso también las hay venenosas. Se produce en el mundo una saturación de los santuarios y los rezos al santísimo en conjuntos de satén y sandalias franciscanas. Queman en salamandras junto al sacrificio, la sabiduría lograda un sábado sabático en casa, en ese sillón sonámbulo, mientras adentro todo baila con la banda sonora del silencio.
Los barrios que veo cada día tienen algo distinto. Pienso que se agotan los soldados que tenemos replegados en la zona cardíaca. Estas vencido, los subsidios van subrayando tu lugar a un lado de la ruta, a un costadito con la suavidad suicida que requiere el naufragio de vivir. Confieso que todavía me quedan algunos sueños superficiales, suspendiendo las suturas del aire. Ahora se respira quebrado.
Te visito en el hospital como cada tarde después del trabajo, y sin que me vean las enfermeras, sustraigo con una sonda sustantivos que me dejaste almacenados en tus venas y que sostienen un tiempo más el surrealismo inacabado que inunda la habitación, y me da esperanza de volver a verte sonreír, de inyectarme sobredosis de vos. Porque se que no hay consciencia, ni cuerpo ni hospital sin destruir, ni árboles ni guerras que duren para siempre, salvo el amor.
En los sismos de la noche, en pesadillas, síntoma que crece en cada sirviente de la patria, sintonizando la frecuencia siniestra de la simetría en su nariz, para poder no respirar la sangre nunca, apenas la herida que atenderán los sindicatos de botiquín.
Y en los medios, sin razón, la sintaxis de discursos alentadores a la causa usan el protocolo de la guerra, como un cóctel donde sirenas sirven bandejas de canapés y sándwiches de miga, saludando con cánticos futboleros a los invitados, una especie de simbiosis de los simpatizantes y las mujeres que lloran y los hijos que no van a llorar. Y vos que nunca me vas a volver a querer.
Me subo al 562, con la continuidad de la vida desde el último asiento. Observo a cada una de las personas, como miran por la ventana, como afuera una sinagoga brota desde la ceniza, en las veredas, con la sinceridad de un sillón al descanso de la sexualidad. Veo vías de un tren que serrucha los rieles, machimbre que luego irá a parar a la cabeza de los nuevos huérfanos.
El señuelo del amor, la serenidad, se sienta conmigo a contar las semanas que faltan para el fin del combate. No sabemos cuánto más vamos a aguantar. Bajo del colectivo, espero que el semáforo dé alba verde a la seguridad del miedo arraigado a la calle, segundo a segundo, segregando el suelo acumulado con sudor, no saber si te voy a encontrar esta vez. La gente, la suciedad del smog marcha con prisa en smoking, forma parte de la secta que surge en la salvia, bosque talado en las alcantarillas, setas que sangran nutrientes de tierra, por eso también las hay venenosas. Se produce en el mundo una saturación de los santuarios y los rezos al santísimo en conjuntos de satén y sandalias franciscanas. Queman en salamandras junto al sacrificio, la sabiduría lograda un sábado sabático en casa, en ese sillón sonámbulo, mientras adentro todo baila con la banda sonora del silencio.
Los barrios que veo cada día tienen algo distinto. Pienso que se agotan los soldados que tenemos replegados en la zona cardíaca. Estas vencido, los subsidios van subrayando tu lugar a un lado de la ruta, a un costadito con la suavidad suicida que requiere el naufragio de vivir. Confieso que todavía me quedan algunos sueños superficiales, suspendiendo las suturas del aire. Ahora se respira quebrado.
Te visito en el hospital como cada tarde después del trabajo, y sin que me vean las enfermeras, sustraigo con una sonda sustantivos que me dejaste almacenados en tus venas y que sostienen un tiempo más el surrealismo inacabado que inunda la habitación, y me da esperanza de volver a verte sonreír, de inyectarme sobredosis de vos. Porque se que no hay consciencia, ni cuerpo ni hospital sin destruir, ni árboles ni guerras que duren para siempre, salvo el amor.
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